martes, 13 de diciembre de 2011

El marabú


El marabú grazna
desde el árbol de su selva
mientras Copérnico observa desde su telescopio

Es la carta que la naturaleza
le escribe a la vida

Y yo escucho
entre silencios de nada
y palabras del cielo
hasta el último encuentro con el angel salvador
pero Copérnico
hace un descubrimiento de planetas brillantes

Olvidado el marabú
opta por volar hacía su nido
entre sinceros aullidos de espasmo

En una playa de caracoles crujientes


En una playa de caracoles crujientes
donde las gaviotas vuelan
en alas abiertas de perlas
y un bote de madera
con su vela de gasa
llega hasta el muelle de maderas de roble
bajo el viento que sopla del sur
en un otoño de tormenta

En esa playa de caracoles crujientes
camina un hombre
vestido de camisa y pantalón
mientras a sus ojos
llegan piedras de esmeraldas como si fuera una estatua
en una plaza de arboles y de monumentos
pero no lo es
apenas es un hombre que camina
que no busca llegar si no que cree en su fe